¿Vencer o morir? No, ahora es fabricar… o morir. Así de urgente

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*Mike Pizarro

Miami, EE.UU.- Al día 1 de julio del año 2025 una rápida inspección del número total de fábricas de armamento en todos los países de la Unión Europea nos permite concluir -con gran facilidad- que sencillamente no existen suficientes factorías de aviones, tanques, barcos y municiones para -por lo menos- satisfacer siquiera el 30% de las necesidades anuales de la OTAN. Esto es grave.

Irónicamente y a pesar de que el dinero europeo para la compra de armamento ahora fluye generosamente como ríos de oro y plata -sin retrasos ni restricciones- el problema de fondo –ese que no entendemos los Latinoamericanos– es que las fábricas de armento con capacidad para producir a gran escala no han sido construidas. ¿Y por qué no lo hacen? Sin contar a Estados Unidos y Canadá, la OTAN tiene 30 naciones y 30 ejércitos en territorio europeo que aún son incapaces de coordinarse entre si para organizar una defensa conjunta. Ante la simple pregunta: “¿Cuál es el sistema que se utiliza para gestionar y garantizar una comunicación efectiva en un entorno multinacional, multicultural y multilingüístico como es la OTAN?” Retrocedamos 2800 años. “Si el lenguaje no es correcto, lo que se dice no es lo que se quiere decir, y si lo que se dice no es lo que se quiere decir, entonces lo que se debe hacer queda sin hacer, y si esto queda sin hacer, la moral y el arte de la guerra se deteriorarán, y los ejércitos permanecerán en una confusión impotente y permanente”. Confucio. (771-476 a.C.).

¿Sabía usted que en la OTAN se emplean más de 23 lenguas oficiales? Aquí se las escribo para que me crean: alemán, búlgaro, checo, danés, eslovaco, esloveno, español, estonio, finés, francés, griego, húngaro, inglés, irlandés, italiano, letón, lituano, maltés, neerlandés, polaco, portugués, rumano y sueco. Veamos las consecuencias. Por ejemplo: En un combate contra un regimiento ruso entrando a Varsovia ¿usted va a obligar a un comandante de batallón polaco a hablar en Alemán con la batería de artillería germana prestando apoyo de fuego directo? ¿Sabía que las radios tácticas de más del 50% de estos 30 países son completamente distintas? ¿Qué todos ocupan combustibles diferentes, distintos calibres de munición, que existe cero integración en la doctrina de combare urbana, nocturna y de asalto aéreo? Cero.

La OTAN todavía no posee un fusil de asalto en común, ni aviones, ni tanques, ni sistemas de artillería con las líneas de sostenimiento logístico más básicas y elementales que les permitan coordinarse entre sí. Jamás la OTAN ha realizado un solo ejercicio de entrenamiento en donde todos sus miembros participen y se coordinen. Ni una sola vez. Así las cosas, hasta un niño puede pronosticar –con toda certeza– la larga e infinita lista de eventos desastrosos y errores que se van a cometer cuando estas 30 naciones europeas se enfrenten a un ejército ruso centralizado, coordinado y con años de experiencia en el combate moderno.

¿La solución más lógica y urgente? La fabricación masiva de armamento conjunto. Un solo estándar homologado para una batalla conjunta contra un enemigo en común. Con casi 2 millones de soldados en servicio activo –todos ellos sin la menor experiencia en combate– la OTAN debe dedicar todo su presupuesto de defensa a la fabricación de sistemas de armas terrestres, áreas y navales –a gran escala- bajo la idea imposible de lograr algún grado de coordinación industrial. El futuro de la industria de defensa Europea es clarísimo. Los grandes fabricantes de todos los sistemas de armas van a dedicar el 100% de sus capacidades industriales a satisfacer única y exclusivamente las necesidades de la Unión Europea y sus ejércitos continentales.

Y es que Europa sencillamente nunca dedicó el tiempo para diseñar, construir, reparar y mantener el número de fábricas necesarias para garantizar su propia defensa. La industria militar europea es tan pequeña, tan exquisitamente especializada y dispersa que sólo le permite construir anualmente un diminuto número de aviones, tanques, barcos y submarinos que -incluso si trabajaran sin descanso 24 horas al día y durante todo el año- les tomaría más de 12 años completar los inventarios necesarios para enfrentar exitosamente al ejército ruso. El problema es que ahora toca convencer a los rusos que tengan la amabilidad de esperar 12 años antes de atacar a la OTAN. En este contexto la posibilidad que Europa deje de lado su propia política de defensa, ignore irresponsablemente las urgentes carencias de sus propios ejércitos y le venda en cambio las pocas armas que tiene a países sudamericanos es simplemente una fantasía. En castellano puro: las fragatas, los cazas y los tanques no van a llegar. Ni uno solo. 

Y esas eran las buenas noticias

¿Las malas noticias? América Latina no fabrica aviones de combate, buques de guerra ni tanques. Más del 90% del inventario de material de guerra -ese que compone la larga lista de equipos tácticos que lleva cada soldado al momento de marchar hacia el campo de batalla- es fabricado en los Estados Unidos y Europa. Así de extrema es la situación. Ningún país latinoamericano, y menos aún alguna agrupación de naciones sudamericanas nunca ha tenido -y todo indica que nunca tendrán- la capacidad de ponerse de acuerdo para fabricar de forma conjunta cazabombarderos, fragatas, tanques, fusiles de asalto, artillería pesada, sistemas de defensa aérea, drones de ataque o botas negras de cuero. Nada. Los últimos 200 años de historia demuestran que cada nación hispanoparlante por grande o diminuta que sea, no confía en su vecino y lo demuestra al negarse a fabricar armas para otra nación que también se encuentre en América Latina. Esto es aún más extremo entre países como Chile, Argentina, Perú, Colombia y Venezuela quienes se niegan a fabricar armas que puedan terminar en las Fuerzas Armadas del país vecino. 

El caso más esperanzador siempre había sido Brasil, pero si escarbamos un poco, nos damos cuenta de que las afirmaciones anteriores tienen más fuerza que nunca y están sumamente bien fundamentadas.

Y es que los absurdos y las incoherencias son el sello militar en nuestra región. Por ejemplo, la industria naval y los astilleros brasileros construyen una amplia variedad de buques de guerra aparentemente modernos, bien equipados e incluso a precios relativamente razonables. Brasil es de hecho la única nación en toda América Latina, que ha diseñado de forma completamente autónoma, fabricado y entregado a su Armada modernas fragatas y hasta submarinos nucleares completamente fabricados en el país. Y entonces… ¿qué es lo extraño? A pesar de la gran publicidad y las excelentes relaciones políticas y comerciales ninguna nación en el planeta tierra jamás le ha comprado un solo barco de guerra a Brasil.

¿Cuál es el mensaje de alerta de este artículo?

El planeta tierra y específicamente todas y cada una de las grandes potencias nucleares ya han entrado oficialmente en un estado de guerra. Para dar impulso al conflicto armado, todas ellas han decidido implementar la primera fase de preparación para el conflicto activando una economía de guerra que dedicará -por lo menos- el 5% de su Producto Interno Bruto a la compra de armas y a la recuperación de sus fábricas de armamento… factorías que insisto, no existen y deben primero ser construidas. Solo en Europa esto significa más de un trillón de dólares anuales invertidos en sus fabricas de armas.

¿Cuál es el problema entonces?

En América Latina nuestros oficiales generales, almirantes y políticos son todavía incapaces de entender lo que esto significa. En simples palabras el mensaje es el siguiente: cualquier programa actual o futuro de compra de armamentos a Europa o a los Estados Unidos está cancelado. Ningún sistema de armas que sea adquirido a partir del día de hoy llegará a América Latina en menos de una década. La idea que podremos adquirir buques de guerra (nuevos o usados), tanques principales de batalla, aviones de combate, artillería de campaña, sistemas de misiles avanzados y otros equipos relevantes es ahora una fantasía. ¿Los Grippen para Colombia? ¿Los F-16 daneses para la Argentina? ¿Fragatas británicas de segunda mano para Chile? Nada de eso va a ocurrir. Marquen mis palabras.

Durante 70 años, Europa tomó la decisión no sólo de cerrar sus fábricas de armamento, sino también de reducir a extremos pocos saludables el número de sistemas de armas necesarios para la defensa del continente europeo. En su reemplazo confiaron en la llegada de millones de soldados norteamericanos y trillones de dólares en sistemas de armas aéreos, navales y terrestres desplegados por los Estados Unidos en Europa durante casi un siglo.

Desde la perspectiva europea, el incentivo para aprobar la presencia de tropas estadounidenses era ocupar esos mismos trillones de dólares que se ahorraron en atractivos programas sociales, universidades gratuitas, pensiones millonarias, sistemas de salud sin costo alguno y otros beneficios que jamás Europa había visto, creando la falsa ilusión de una Unión Europea sumamente generosa, cómoda y avanzada pero que dejó de ser segura hace mucho tiempo. La creencia absurda de qué el pueblo norteamericano pagaría eternamente por la defensa de casi 30 naciones europeas, y que nunca volverían a ser atacados ha llegado a su fin.  

Estados Unidos, finalmente despertó de este embrujo y se encuentra en plena retirada de todas sus fuerzas militares y sistemas de armas estratégicos, obligando a las naciones europeas a cubrir sus necesidades de defensa temporalmente a través de la compra de varios trillones de dólares en armamento norteamericano. La movida política del nuevo gobierno norteamericano es –desde el punto de vista de los contribuyentes norteamericanos- brillante y necesaria. ¿Por qué? Pues no tener tropas en Europa le ahorra al tesoro en Washington trillones de dólares en un gasto ilógico, y simultáneamente –y aquí el respaldo financiero- genera trillones de dólares en ventas de armamento norteamericano a los mismos europeos. El monto de un gasto Europeo del 5% del Producto Interno Bruto implica la compra de casi 900 billones de dólares al año en armamento. Desde esta perspectiva, incluso un campesino ignorante puede entender que no existe una versión distinta en esta historia donde Europa pueda -en el corto y mediano plazo- autoabastecerse de todas las armas que necesita para defenderse de una invasión rusa en sus fronteras del este.

¿Rusia pretende marchar sobre Berlín?

Para nada, pero si la puede bombardear si Alemania continúa entregando armas estratégicas a Ucrania y una de ellas termina impactando en el centro de Moscú. Si los misiles Taurus llegan a ser suministrados a Kiev ese escenario apocalíptico está garantizado. En el corto plazo Rusia invadirá Estonia, Latvia, Lituania y Moldova para recuperar su tradicional barrera estratégica contra invasiones externas. Desde la perspectiva rusa, una visión y un análisis que claramente somos incapaces de entender en América Latina, esta guerra es inevitable, necesaria e inminente.

El problema y la mayor amenaza que sufre en estos precisos momentos la Unión Europea es que Rusia tiene plena conciencia y claridad de que el momento de realizar acciones militares ofensivas es ahora ya… y no en cinco años más cuando la Unión Europea logre ponerse de acuerdo, reclute 5 millones de soldados, los entrene, fabrique todo el armamento necesario y se organice bajo una estructura unificada para defenderse de un masivo ataque ruso. En términos prácticos, esto significa que la totalidad de la industria militar europea debe enfocarse única y exclusivamente en la fabricación de armamento para sus fuerzas militares terrestres, aéreas y navales. Así las cosas, la posibilidad de tener excedentes de armamento para vendérselos a países sudamericanos es -en el mejor de los casos– muy remota. Cada bala, buque viejo o tanque obsoleto le sirve a Europa para detener a los rusos.

¿Cuál es el futuro de la defensa Latinoamericana?

América Latina todavía tiene pequeñas ventanas de oportunidad para comprarle a países como Corea del Sur, Turquía, Australia, y quizás a algunas empresas norteamericanas ciertos sistemas de armas críticos antes de que estos países también sean contratados por la Unión Europea para monopolizar la totalidad de las líneas de producción de su industria de defensa con contratos a 10 años. Dicho escenario industrial es lógico, evidente e inevitable. Todo esto nos hace concluir que el futuro de la defensa de los países sudamericanos reside única y exclusivamente en la inversión de nivel estratégico, con una transformación urgente y mirada de largo plazo en una industria de defensa regional.

La compra a nivel industrial y masivo de máquinas CNC -esas que se utilizan para dar forma a diversos materiales, como metales, plásticos y madera mediante procesos computarizados de corte, grabado, y fresado, entre otros –es de una importancia estratégica crítica y que marcaría la diferencia entre la vida y la muerte de los ejércitos latinoamericanos. Nuestros Ministerios de Defensa deben adquirir AYER las maquinarias y herramientas tecnológicas más básicas, intermedias y avanzadas para fabricar sus propias partes, piezas y componentes críticos para por lo menos, mantener a flote sus buques, sus aviones volando y encender los motores de sus tanques. Algo tan básico como las máquinas CNC, esas que nos permiten tener dispositivos de fresado automatizados para que fabriquen componentes industriales sin asistencia humana directa –y con vergüenza lo digo– son capacidades de defensa estratégica que casi ninguno de nuestros generales y almirantes en servicio activo conocen.

El enfoque en crear líneas de ensamble y no armas es la clave. Esto, con el fin de comenzar la fabricación local de nuestros propios sistemas de armas avanzados como cazabombarderos, misiles de largo alcance, fragatas, submarinos de ataque, y vehículos acorazados entre otros sistemas de armas críticos. ¿Lo increíble? A pesar de todas las alarmas y banderas rojas, puedo pronosticar con toda seguridad que pasarán muchos años y sufriremos de muchas guerras -aquí en nuestro propio continente- antes de que nuestros líderes políticos lleguen a la conclusión que la independencia industrial en el área de defensa es un requerimiento fundamental, crítico y urgente para garantizar nuestra libertad antes que también seamos parte de un ya evidente conflicto planetario.

¿La amenaza? Si América Latina no es capaz de defender sus fabulosos recursos naturales es del todo lógico que semejantes riquezas se encuentren vulnerables y disponibles para aquellas potencias extranjeras que posean las fortalezas militares para tomar por la fuerza –y sin gran resistencia- los territorios y recursos naturales que deseen en nuestra región, pues ya saben que no podemos defenderlos. La Antártida, la Patagonia y el Amazonas son blancos evidentes.

*Jose Miguel “Mike” Pizarro

Ex oficial del Ejército de Chile, graduado de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), analista de Defensa de CNN en Español, ex U.S. Marine y veterano de 4 años de la guerra en Irak. Ex oficial de artillería de montaña, comandante de tanques pesados M1A1 Abrams y ex asesor militar norteamericano en Colombia.

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