*Andrea Guidugli / Opinión
Saná, Yemen.- Fuentes de seguridad confirman que una operación relámpago podría desencadenarse a corto plazo en Yemen. La ofensiva busca reunificar el país, acabar con el hambre y el terror islamista en las zonas hutíes y frenar la expansión iraní en la península arábiga.
Un frente común contra Irán
Informes obtenidos en círculos de defensa de la región revelan que combatientes yemenitas suníes, respaldados por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, ultiman los preparativos para un ataque directo contra los territorios controlados por los rebeldes hutíes.
La operación, que podría lanzarse en cuestión de días, contaría además con apoyo de inteligencia israelí, lo que configuraría una alianza inédita en la región. El objetivo inmediato es recuperar Saná y golpear la columna vertebral de los insurgentes chiíes.
El dato más llamativo es la coordinación tácita entre Jerusalén, Riad y Abu Dabi. Israel aporta inteligencia sobre arsenales hutíes y rutas de suministro iraní, mientras los aliados árabes garantizan logística y cobertura militar.
La lectura geopolítica es clara: Teherán ha convertido a los hutíes en su brazo armado en la península arábiga, amenazando no solo a Yemen sino también a las rutas comerciales globales en el mar Rojo.
En esta ecuación entran también factores de política interna: Arabia Saudita busca cerrar cuanto antes el capítulo yemení tras ocho años de intervención militar costosa e impopular; Emiratos Árabes Unidos quiere consolidar su influencia en el sur del país y garantizar la seguridad de las rutas marítimas; Israel, por su parte, ve en la neutralización de los hutíes una manera de cortar uno de los tentáculos iraníes que más directamente ha intentado golpear su territorio en los últimos meses.
Saná como símbolo
La reconquista de Saná tendría un enorme valor estratégico y simbólico. Desde 2014 la capital está en manos de los hutíes, que han impuesto un régimen autoritario en el norte.
Recuperar la ciudad significaría para el gobierno reconocido internacionalmente dar un paso crucial hacia la reunificación de Yemen. Pero también supondría un golpe directo a Irán, que vería debilitado su principal satélite en la región.
Saná es más que una capital política: es el centro neurálgico de la identidad yemenita, con siglos de historia como cruce de culturas y religiones. Perderla supuso para el gobierno una herida de legitimidad; recuperarla significaría restaurar la moral nacional y enviar un mensaje claro a la población de que la guerra puede tener un final.
En los últimos meses, los hutíes han reforzado las defensas de la ciudad, conscientes de su valor simbólico, pero también enfrentan desgaste interno: luchas entre facciones, tensiones con tribus locales y el descontento creciente por la falta de alimentos y servicios básicos.
El tablero del mar Rojo
El estrecho de Bab el-Mandeb es la llave del comercio marítimo entre Asia y Europa. Desde finales de 2023, los hutíes han hostigado buques mercantes, alterando rutas y encareciendo fletes.
Un debilitamiento sustancial de los insurgentes podría devolver estabilidad a una de las arterias más sensibles del comercio mundial, reduciendo la capacidad de chantaje estratégico de Teherán.
Cada día transitan por Bab el-Mandeb cerca de 6 millones de barriles de petróleo, además de contenedores con productos manufacturados, materias primas y alimentos. Las amenazas hutíes han obligado a compañías navieras internacionales a desviar buques alrededor del Cabo de Buena Esperanza, lo que encarece los costos logísticos y alarga semanas las rutas de suministro.
El impacto se ha sentido incluso en Europa y Estados Unidos con subidas en los precios del combustible y retrasos en las cadenas de suministro. Por ello, una ofensiva exitosa contra los hutíes no solo cambiaría la ecuación en Yemen, sino que tendría repercusiones directas en la economía global.
El país olvidado por la ayuda internacional
Mientras Gaza concentra la atención mediática y recibe un flujo constante de ayuda internacional, Yemen ha quedado relegado al silencio.
En las áreas hutíes, la población sobrevive en condiciones de hambruna crónica: se estima que ocho de cada diez habitantes dependen de la asistencia externa. Pero las autoridades rebeldes, lejos de aliviar el sufrimiento, destinan recursos a adquirir misiles y drones iraníes. Esos mismos armamentos han sido disparados en repetidas ocasiones contra Israel, confirmando que la prioridad hutí es militar, no humanitaria.
Según informes de Naciones Unidas, más de 20 millones de yemenitas necesitan ayuda urgente, y la mayoría de los niños menores de cinco años sufren desnutrición. Sin embargo, los fondos internacionales para Yemen se reducen año tras año, eclipsados por otras crisis más visibles mediáticamente.
La paradoja es dolorosa: mientras la comunidad internacional destina ingentes recursos a Gaza o Ucrania, Yemen sigue siendo la guerra silenciada, donde la tragedia cotidiana no encuentra eco en titulares ni en campañas globales de solidaridad.
La guerra silenciada por el mundo
Lo que hasta ayer era una guerra olvidada podría transformarse, en cuestión de días, en el primer frente abierto donde saudíes, emiratíes e israelíes actúan de facto como aliados.
Si la ofensiva se materializa, Yemen volverá a estar en el centro de la atención internacional: no solo como escenario de tragedia humanitaria, sino como espacio decisivo en la pugna por el futuro de Medio Oriente.
Lo que está en juego no es únicamente el destino de Yemen, sino la arquitectura de alianzas en toda la región. Una victoria contra los hutíes podría abrir la puerta a una cooperación más abierta entre Israel y el mundo árabe suní frente a Irán y en paralelo, mostraría que las guerras que parecían olvidadas pueden convertirse, de la noche a la mañana, en el epicentro de la geopolítica mundial.
*Andrea Guidugli / Consultor y Periodista.

Miembro Federación Periodistas de la
ciudad di Madrid. Periodista y Opinionista
acreditado por la Federación Internacional
de la Prensa de Bruselas
Italia / Articulista Invitado


